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La grieta
Por Carlos Alberto López De Belva

La editorial del anterior número de La defensa, interpela a sus lectores para que se expresen. En el marco de la seriedad, el respeto y las buenas fundamentaciones acerca de un tema que orada el entramado social de manera cada vez más profunda e irracional. La “grieta”.
Los abogados y las abogadas, como parte integrante de esa sociedad, no estamos ajenos ni ajenas a la situación que los razonamientos de Cornaglia describen. Tampoco al desafío que el colega formula.
Quien se considere afuera o por sobre “la grieta”, creo que se equivoca seriamente.
Así como con la política en general, quien se considere “apolítico” o “apolítica” no solo (se)macanea, sino que formula una definición muy política. Además suele encaminarse para el lado más oscuro del sendero de esa política que dice detestar. Porque en el fondo, los ataques a  ”los” políticos y a “la” política, encierran un desprecio, o al menos desconfianza, por los valores republicanos y por la democracia.
Con Ricardo Cornaglia somos contemporáneos. Hemos vivido los episodios más duros de “la grieta”. El bombardeo a la Plaza de Mayo en la adolescencia. La noche de los bastones largos en las aulas universitarias. La instauración del terrorismo de Estado, ya maduros y con la senda político ideológica bien marcada.
La violencia política, hoy más bien verbal, tuvo momentos de una virulencia tal que costó muchas vidas y dejó heridas aún no restañadas.
Tal vez sea bueno aclarar que con las referencias históricas muy brevemente instaladas, no pretendo ni mucho menos, plantear que la grieta empezó en 1.955. Viene de mucho antes.
Creo que la cuestión excede el marco de las elucubraciones jurídicas y de las especializaciones; por ejemplo, en derecho constitucional y/o político.
Estamos inmersos en “la grieta” no como abogados o abogadas sino como ciudadanos y ciudadanas.
La formación doctrinaria está bien alejada de las formas de confrontación que la sociedad argentina vive en la actualidad.
La propia honestidad intelectual suele estar ajena a los virulentos intercambios a veces más propios de la tribuna futbolera que nuestros ámbitos de labor profesional y gremial.
En lo personal lo que más me preocupa y esto se relaciona con la mencionada honestidad intelectual, es que hagamos “como si”. Como si la grieta no existiera entre nosotros.
Existe y a veces, mal que nos pese, tiñe nuestras acciones. Eso parece inevitable. Y sin embargo, en lo que se refiere a las actividades institucionales, en la vida interna de nuestros Colegios, Asociaciones y Consejos, el esfuerzo que se debe hacer es el de instalarse por encima de “la grieta”, para así poder representar a todos los abogados y las abogadas, cualesquiera sea su forma de pensamiento.
De esa manera quedarán garantizados la legitimidad, la representatividad y el funcionamiento democrático. Los consensos, el respeto al pensamiento del otro y la otra, requieren gran mesura. Manejado adecuadamente todo esto, se está a las puertas del liderazgo. No es fácil.
Siempre recuerdo que Luis Martí Mingarro, en una de sus visitas a nuestro país para intervenir en alguna Conferencia Nacional, afirmó que es bueno que los abogados tengan distintas formas de pensamiento, que eso enriquece al colectivo. Siempre y cuando, aclaraba, a la hora de defender el gremio, la actividad abogadil, todos nos pongamos de acuerdo. Eso lo he experimentado en nuestra Federación en numerosas ocasiones en que hemos debido asumir la defensa del ejercicio profesional.
La Federación Argentina de Colegios de Abogados representa a más de 80 Colegios, Asociaciones, Consejos. A su vez, cada una de esas instituciones nuclea numerosos abogados y abogadas, de muy distinto pensamiento político.
Las elecciones de las autoridades se realizan mediante el voto de los matriculados en el caso de los colegios, asociaciones y consejos y por el voto de éstos, en lo que hace a la Mesa Directiva.
Periódicamente todas las instituciones de FACA tienen una instancia de contralor y de expresión de sus intereses colectivos, las Juntas de Gobierno que son instancias de contralor, de escrutinio de lo actuado por las máximas autoridades.
En consecuencia, existen las formas y las instancias de asegurar que todas las opiniones y todos los intereses se vean expresados de manera que “la grieta” no entorpezca el funcionamiento institucional.
Mal harían las autoridades, en todos y cada uno de los niveles de representación de la abogacía, si pretendieran que exista un pensamiento único.
Creo que es muy buena la propuesta de Cornaglia para que todos y todas nos expresemos. Nos enriquecerá sin duda alguna.
Fomentar la discusión política entre los y las jóvenes será un enorme aporte que en alguna manera podría equilibrar la pobre y deshonestamente intelectual oferta de los medios de prensa, cada vez más convertidos en boletines internos de partidos políticos que en órganos que nos garanticen el derecho humano de acceder a la información veraz

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